La importancia de ser global

1 08 2007

Priscilla Murphy, Con Arly Faundes y Francisca Vega,
Santiago, Ciudad de MéxicoEn los últimos meses, las adquisiciones de empresas latinas fuera de la región han ocupado los titulares de prensa mundiales. A fines de mayo, la brasileña JBS-Friboi, que comenzó en 1953 como una carnicería en Goiás, se transformó en el frigorífico de carne bovina más grande del mundo, con ventas líquidas de US$ 11.500 millones, después de comprar a la estadounidense Swift por US$ 1.400 millones. En un negocio aún más espectacular, la mexicana Cemex adquirió por más de US$ 14.000 millones a la australiana Rinker Group Ltd., en una oferta abierta a los accionistas minoritarios hasta mediados de julio. A fines del año pasado, la Companhia Vale do Rio Doce robó las primeras páginas del noticiario de negocios al comprar la minera canadiense de níquel Inco por US$ 17.600 millones.

En verdad, estas megacompras y otras menos ruidosas que han protagonizado las empresas latinoamericanas en los últimos años forman parte de una tendencia de empresas de países emergentes que disputan el liderazgo de sus sectores en el mercado mundial. En Asia, las inversiones han sido aún mayores, siendo el principal ejemplo la adquisición a mediados del año pasado de la siderúrgica Arcelor, con sede en Luxemburgo, por la empresa india Mittal, por US$ 43.000 millones. “Los players emergentes de Asia dominan, correspondiendo a más de un 60% del stock de Inversión Extranjera Directa de países emergentes en 2005, pero los latinoamericanos también están activamente involucrados en esa nueva tendencia”, dijo Javier Santiso, economista jefe y director adjunto del Centro de Desarrollo de la OCDE, en una charla sobre el surgimiento de las multinacionales latinas.

“Más interesante, hemos presenciado un boom de las inversiones sur-sur agrega recordando que a la salida total de IED de los países emergentes aumentó de menos de US$ 5 millones hace 20 años a más de US$ 60.000 millones en 2005, gran parte concentrado en otras economías emergentes.

El hecho es que las multinacionales latinas han invertido cada vez más en el exterior. Según el último informe sobre inversión en el extranjero de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), las cifras oficiales revelan un aumento de la IED anual proveniente de la región de US$ 6.000 millones a US$ 38.600 millones en los últimos tres años.

“Antes de un estudio realizado hace un par de años, teníamos la visión de que las compañías globales eran las multinacionales que habían surgido en los países desarrollados y que los países emergentes sólo eran un lugar para poner fábricas”, dice Jorge Becerra, socio y director gerente para América Latina de The Boston Consulting Group, en Santiago. “Pero lo que vemos ahora es que muchas de las firmas globales vienen de los países emergentes, como India, China, Brasil y México”. Más aún, “muchas están amenazando a las compañías globales”. En un estudio de la consultora con las 100 compañías globales, 14 vienen de América Latina, concluye.

Según la OCDE, en 1990 eran muy pocas las empresas de países en desarrollo que aparecían en rankings mundiales, como el Fortune 500. “En 1990 había unas pocas afortunadas”, dice Santiso. “En 2005, el número ya había subido a 47”.

Para algunos, la tendencia incluye algo más fundamental que el aumento nominal de las inversiones de las empresas en el exterior. “En una primera fase de su globalización, las empresas se internacionalizaban debido a las dificultades en los mercados locales o para diversificar riesgos”, dice el embajador Sergio Amaral, ex ministro de Desarrollo y actualmente consejero de la oficina de abogados Felsberg & Associados, en São Paulo. “Ahora, entran en una nueva fase de globalización. Ya comienzan a insertarse en la cadena global de producción.”
El hecho de ser brasileña fue uno de los principales motivos de la internacionalización de la Companhia Vale do Rio Doce. Más específicamente, su pérdida de competitividad a causa del alto costo de capital, como cuenta el director ejecutivo de planificación y desarrollo de negocios de Vale, Gabriel Stoliar.

Por tener acceso a capital más caro que la competencia internacional, la minera perdía la pelea frente a la competencia extranjera cuando intentaba hacer una adquisición. “Nuestra competencia conseguía levantar dinero a tasas de un 2% a 4% al año y a nosotros nos costaba entre un 10% y un 12%. Teníamos un costo de capital no competitivo”.

Lo mismo ocurrió con el primer grupo de empresas privadas que se internacionalizó en Brasil: las constructoras. Antes de ellas, a fines de los 70 y comienzos de los 80, había una política de internacionalizar las estatales, como ocurrió con la propia Vale, Petrobras y Banco do Brasil, dice el embajador Rubens Ricupero, director de la Facultad de Economía de la FAAP y miembro del consejo de administración de la constructora Odebrecht, en São Paulo. En esa época terminaba la dictadura. Las constructoras percibieron que no habría más inversiones en infraestructura y se internacionalizaron. “Fue una estrategia de sobrevivencia”, dice Ricupero. Así, las grandes -principalmente Odebrecht y Andrade Gutierrez y, en menor medida, Camargo Corrêa y Mendes Júnior- comenzaron a ser globales.

Esencialmente empresas de servicios, las constructoras brasileñas se transformaron en una excepción en el proceso de internacionalización de América Latina, dice el embajador. En Asia emergente -incluyendo el Japón de la postguerra, después a Corea y hoy a India y China-, el modelo fue la internacionalización de la industria, en un intento de saltar las barreras aduaneras en otros mercados y estar más próximo al consumidor. Así se hicieron mundialmente conocidas marcas como las japonesas Yamaha y Honda y, a partir de los 80, la coreana Samsung. Pero en general los países asiáticos iniciaron la internacionalización de sus empresas después de varios años de fuerte crecimiento, excedentes de ahorro y capital y tasas de inversión del 35% al 40% del PIB.

En América Latina, históricamente la situación macro fue la contraria, explica Ricupero. “Por eso, las de manufactura que se internacionalizaron son, no una tendencia, sino una notable excepción”, agrega, citando como ejemplos a la mexicana Cemex, y las brasileñas Embraer y Natura. La Cepal agrega ejemplos como Gerdau e Itaú, que han realizado una amplia gama de operaciones independientes.

En muchos casos, las empresas se convirtieron en globales para no transformarse en objeto de adquisición. Y la manera más radical de hacer eso es por medio de adquisiciones. “La estrategia de fusiones y adquisiciones es más riesgosa porque hay más asuntos que analizar, pero es mucho más rápida”, dice Víctor Esquivel, socio director en Servicios sobre Finanzas Corporativas de KPMG en México. “Puedes tener rápidamente una participación en un lugar en que antes no tenías presencia”.

Otro asunto a considerar en el porqué de la expansión de las compañías mexicanas es que éstas enfrentan cada vez más competencia en sus mercados locales por la llegada, precisamente, de empresas internacionales que se asocian con locales, dice Esquivel. Entonces, una forma de protegerse es saliendo a otros mercados.

Las ventajas de esta expansión multinacional son principalmente que “el acceso a un mayor mercado te permite a la larga disminuir tus costos”. Tener operaciones en otros lugares permite a las empresas acercarse al consumidor final y ver las necesidades no cubiertas: China e India son un buen caso. Esquivel da como ejemplo a Bimbo y Gruma. “Al ser empresas de productos de consumo tienen una gran oportunidad de crecimiento en Asia”.

En la nueva ola globalizadora dominan los casos brasileños y mexicanos. Pero la OCDE apunta dos ejemplos argentinos de multinacionales latinas: Arcor, hoy la principal fabricante global de dulces, y el fabricante de tubos Tenaris, con presencia en Canadá, Italia y Japón, fuera de otros países de América Latina, y que el año pasado compró la estadounidense Maverick Tube Corp. Al grupo de las latinas globales compilado por OCDE se le deberá agregar el año que viene una empresa chilena, Sudamericana de Vapores. La compañía de cabotaje opera en cinco continentes y recientemente anunció un acuerdo con la estadounidense K-Line para operar en conjunto el comercio entre Asia y África del Sur. Además, abrió una nueva línea de transporte de Asia al Caribe, vía Canal de Panamá. Y no hay que olvidar a la estatal bolivariana PDVSA, de Venezuela, que está invirtiendo en refinerías en Argentina, Belice, Brasil y Uruguay y en gasoductos en Colombia.

Aparte de Cemex, el grupo mexicano está compuesto por la poderosa América Móvil, que luchó para adquirir Telecom Italia, pero que perdió frente a un consorcio que incluía a la española Telefónica este año. La Cepal destaca incluso al Grupo Alfa, que en Estados Unidos, Europa y China y a fines de junio anunció la adquisición de una fábrica de autopartes de aluminio en China, después de haber adquirido instalaciones semejantes en América y Europa. Complementan aún la lista de las globales mexicanas el Grupo Modelo, cuyas bebidas están en 150 países, el Grupo México y Bimbo, este con una serie de adquisiciones durante los últimos años en Estados Unidos, como destaca el informe “La Emergencia de las Multinacionales Latinas”, de Javier Santiso, de la OCDE.

El grupo de las brasileñas incluye también a Embraer, con un 84% de sus ventas en el exterior; Aracruz, con un 60%; Gerdau, con fuerte presencia en América del Norte y del Sur, y las exportadoras Sadia y Braskem, según la OCDE. Y una de las más destacadas entre las empresas brasileñas es la montadora de autobuses Marcopolo, que posee fábricas en Argentina, Colombia, México, Portugal y Sudáfrica, según destaca la OCDE.

Todo indica que África será el próximo destino a ser explorado por las latinas, dice el profesor Ricardo Torres, de la Brazilian Business School, en São Paulo. “Para los países en foco, es una óptima noticia, pues, con lo que reciban estas empresas ellos crean empleo, producen en su propio país, recolectan más impuestos, aumentan su Producto Interno Bruto y, sobre todo, no tienen que pagar moneda fuerte para importar estos mismos productos. Es una operación ‘gana-gana’, pues los dos lados salen victoriosos”.

¿Y cuáles serán las próximas empresas a entrar en esa ofensiva global? Para algunos, la expansión tiende a continuar concentrada en sectores conectados a las materias primas. Eso no es necesariamente un problema, como fue en ciclos anteriores de crecimiento de los commodities, porque la demanda de los emergentes asiáticos debe garantizar buenos precios los próximos años. Y se trata del sector donde la región tiene sus ventajas comparativas más fuertes.
Incluso en el caso de México, donde aún hay mucho que aprovechar en el ámbito del tratado de libre comercio con Estados Unidos, deben ser pocas las nuevas multiglobales, dice Jorge Sneke, coordinador del Seminario de Estrategia Competitiva, de la Universidad Iberoamericana, en Ciudad de México. “No hay muchas, son las mismas de siempre”, señala Sneke. “El problema es que para ser multinacional, primero tienen que ser fuertes en el mercado local, pero eso no está sucediendo en México, porque todo está muy concentrado.”

Otro desafío para la expansión global de las multinacionales latinas es la apreciación de las monedas locales, en parte, fruto de la propia bonanza externa de las empresas, de la entrada de los dólares de las exportaciones y de otras rentas en el exterior. “Todo el continente está siendo muy afectado por la apreciación de las monedas”, dice Ricupero. En muchos casos, eso no es una condición propicia para que la empresa se pueda transnacionalizar. “Un ejemplo es la industria de muebles en Brasil, que era extremadamente prometedora y ahora tuvo que ser rescatada por el gobierno”.

Sin embargo, ahora viene renaciendo en el mercado algo de aversión al riesgo, en reacción al ahogo de crédito en algunos mercados norteamericanos, así como el temor de presiones inflacionarias. Todo eso pronostica tiempos un poco más normales para América Latina, aunque no se deban repetir las violentas turbulencias del pasado, dada la mejora macroeconómica de gran parte de los países de la región. Y, sin tanta resaca de dólares, las empresas latinas pueden mantenerse en los titulares mundiales aún por un buen tiempo.

Fuente: http://www.americaeconomia.com/ 


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