Historia del capitán Valdivia

5 10 2007

Soy el capitán Valdivia y sirvo en la Policía Nacional del Perú. Pertenezco a la División de Vehículos Robados. Mi sede queda en Barrios Altos, pero ahora estoy aquí en la otra punta de la ciudad, con mi unidad policial parada en la puerta de un McDonald’s. No puedo moverme de aquí, sino mi jefe me castiga, como la semana pasada que una señora me pidió ayudarla a mover su vehículo cuatro cuadras más abajo y mi jefe me impuso seis días de rigor por abandonar mi puesto.Mi especialidad es investigar el robo de vehículos; también tengo preparación para intervenir en operativos de asalto, pero nada de eso puedo hacer ahora. Por lo menos no en estos momentos. Mis órdenes son permanecer aquí con mi carro policial estacionado en la puerta del McDonald’s.

Si veo un asalto o algún peligro, tengo que hacerme el loco. Mi jefe ronca fuerte. Y acostumbra a dar vueltas por los puntos en que ha distribuido los vehículos. En lugar de patrullar la ciudad, los carros cuidan establecimientos privados: bancos, agencias de transporte, restaurantes, negocios en general donde haya flujo de público y se mueva billete. A mi me dijo hace dos meses, te vas al punto acordado y te estacionas en el parqueo que hay en el McDonald’s. Allí te quedas compadre y me mantienes informado si hay algún percance.

Mi compañero y yo cumplimos. Venimos aquí y nos quedamos de 10 de la mañana hasta las 3 de la tarde. A esa hora nos vamos a Barrios Altos a pasar rancho. El McDonald’s no nos da nada. Sólo nos presta el baño. Pase jefe, nos dice el chico que barre.

Lo que pasa es que mi jefe ya arregló con el dueño del McDonald’s. No sé cuánto le cobrará, pero nada de eso llega a nosotros. El jefe ronca como la puta madre cuando se meten con sus puntos. Maneja como veinte vehículos. En un solo turno. Y otros veinte en el otro turno. El mismo ronda por los cada uno de los establecimientos para ver si los carros que ha dejado se han movido.

Yo ingresé con vocación de servir, pero una vez que salí de la escuela, cuando estuve en la calle, me di cuenta que no se puede. Todos te joden. Te piden que hagas una cosa u otra. Al final todo es plata compadre. Mira, ahora tú me estás pidiendo un servicio, ¿no?, que te auxilie porque tu vehículo se ha quedado botado, ¿no?, no puedo. No puedo cumplir con mi función de servir. Salvo, claro que le avise a mi jefe, que le diga que hay un servicio para jalar un carro y que hay una propina por eso. Algo tengo que llevarle, ¿me entiendes?

Espera, voy a avisarle. ¿Aló, jefe? ¿cómo? Ya jefe… ¡ya compadre! ¿hasta dónde me dices que hay que llevar el carro? Va a venir mi jefe personalmente. Dice que está cerca. Yo le he dicho que eres un primo lejano, que te voy a servir, tú sabes, los teléfonos no son seguros y nunca se sabe. ¿Tienes soga?, ¿dónde dices que está tu carro? Allí viene mi jefe. Jefe, le presento a mi primo. Tiene un carro aquí cerca; lo voy a remolcar al taller. Un toque jefe. Gracias jefe. Ese mi jefe. Ya regreso jefe.

Así es mi jefe. Me da permiso para hacer un cachuelito; mientras él se queda cuidando el McDonald’s hasta que regrese. Si no, no le pagan.

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P.d. Los nombres y los lugares de esta historia (excepto el McDonnald`s) han sido cambiados para proteger al oficial de la PNP


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