¿Es usted un gentleman?

1 12 2007

La percha está más allá de la fisonomía: dónde y cómo vestir un buen traje exige cumplir un libraco de normas.

Francisca Vega
Santiago

Una espigada mujer vestida con un tailleur cruza los pasillos del centro comercial Parque Arauco, en Santiago, y no hay señorita que no le mire el andar hasta adivinar qué modelo de Armani usa. Hasta ahí, cero sorpresa: las féminas se comparan sin tapujos. Pero ahora el que asoma es un distinguido caballero de traje y corbata y quienes lo siguen con la mirada son otros igual de trajeados. ¿Boss, Zegna, Dior, YSL? Vaya…, ¿acaso ellos tienen las mismas costumbres seculares que las féminas? Sí, y más en las altas esferas.

Como quien no quiere la cosa, los altos mandos de la región miran de pies a cabeza a sus pares. Si el traje lleva etiqueta de tienda por departamentos o tiene un mínimo brillo fruncen la nariz. ¿Guayabera de poliéster, chaqueta blanca y zapatos rojos? Sólo en una peli de narcos. Porte sport sin marca y sandalias, ay… En la cima conocen eso de como te ven, serás tratado y nadie quiere ser latin lover ni sudaca: esos machos corren y gastan por la pinta de gentleman. “El que maneja las riendas de una compañía y diga que se pone lo primero que ve, miente”, dice el venezolano Nino Carbone, quien diseña trajes de hasta US$ 10.000 para muchos banqueros de Caracas. “Si hasta saben de un buen corte”.

Sí, ya no basta saber qué decir en una reunión o cuál es la fórmula para el éxito corporativo. Los negocios son una gran corte donde también importa qué cosa oculta el cuerpo. El poder empresarial exige elegancia y estilo. Lo dicen las estadísticas: en su libro Todo sobre la imagen del éxito, basado en estudios de la Universidad de Georgetown, la mexicana Gaby Vargas dice que, cuando mira a otro, el 42% de los hombres se fija qué trae puesto.

Un gran guardarropa cuando se habla de negocios suena bien, pero el tema se complica cuando la regla demanda que sea exclusivo y a la vez uniformado. ¿Cómo es eso? Hay pistas: chaquetas de cabra o vicuña, corbatas italianas, camisas de seda o algodón y puño doble para lucir gemelos son uniformes oficiales de los jerarcas latinos. ¿Mucho estrés para vestir y horas gastadas para elegir? Sí, ¿y qué? Ridículo para la mayoría de los oficinistas de sueldo mínimo, mas quien hace negocios de muchos dólares debe correr a preguntar por los códigos del buen vestir. La lógica, dicen los diseñadores, es que quien manda gaste por lo menos un sueldo en vestuario al año. Eso lo saben muchos en la plana mayor de las empresas Ripley, Banco Santander, VTR o Banco de Chile, en Santiago, que fueron derechito con Lilian Bustamante, gerente general de Imagen Personal, representante en el Cono Sur de la compañía estadounidense de modas Color Me Beautiful. “Las preferencias son las mismas: trajes azules o en tonos grises que inspiren autoridad y voz de mando”, dice Bustamante. “Mira las reuniones de directorio y lo notarás”.

En cualquier gran capital latinoamericana, los diseñadores se la pasan luchando para vestir a los ejecutivos. Guste o no, el biotipo corporal de los empresarios es latino y no caucásico, y eso incide. A los confeccionistas les cuesta no reírse cuando el común de los hombres cree que tiene buena percha, aunque jamás se haya parado frente a un espejo, como gustan los italianos.

Vamos, entonces, a la cuestión central: cómo vestir bien. Primero, las camisas. Si el caballero tiene cuello breve y ancho y cara redondeada, usual por muchos lados de la región, no debe usar camisas italianas de cuello abierto que resaltarán su redondez. “Parecerá que la cabeza le toca los hombros”, dice Magdaleno Pelcastre, cuya sastrería es tradicional entre los jerarcas de Ciudad de México. “Debes proponerle uno más cerrado que lo estilice, como el francés”. Y no es todo: las buenas camisas deben ser a la medida, el alto del cuello no puede superar los tres centímetros ni tienen que llevar poliéster, pues apenas le pasen la plancha se convertirá en un espejo tornasolado. “Debe ser de algodón, seda o lino y, de preferencia, blanca o en tonos pasteles”, dice el sastre de empresarios chilenos Samuel Ugarte. “Aunque la tela fina se arruga más, no importa: un ejecutivo nunca se desabotona el saco”. Otro dato: la camisa elegante-elegante no lleva botones en el cuello ni en el bolsillo.

Sigamos por el traje. Los realmente buenos son cortados por manos expertas y valen entre US$ 500 y US$ 15.000 dependiendo de la tela y el diseñador. “En telas no hay opción, pues lo mejor es el casimir italiano de pelo de cabra o vicuña, que sirve en ciudades frías y calurosas”, dice Carbone. “Son livianas y dejan que respire el cuerpo”. Si el ejecutivo está dentro del 20% de la población latinoamericana que es obesa, tendrá que buscar un traje oscuro y holgado. De lo contrario, “corre el riesgo de que los botones exploten”, dice Atilio Andreoli, diseñador que viste al presidente chileno Ricardo Lagos. El colombiano Ricardo Pava, que viste al presidente Álvaro Uribe, sopla algo más: “Los altos deben evitar trajes con líneas horizontales para no parecer gigantes. Ése es ideal para un pequeño”.

Y ahora lleguemos a la corbata. Si nuestro buen hombre carga kilos de más, no debe usar corbata con puntos, pues lo confundirán con un dado. Tampoco una colorida si es pequeño, pues, asegura Andreoli, lucirá como la cinta de un paquete de regalo. El suma y sigue es eterno. Que un traje bien debe ser austero, que se lava una vez al año, que sus solapas no deben superar los siete u ocho centímetros para no parecer abuelo y que el puño con gemelos debe entreverse sólo 1,5 centímetro cuando se dobla el brazo. Más: nunca en su vida un caballero se quita el saco; la corbata debe ser Brioni o Hermès, el traje se usa no más de cuatro años y se cuelga todas las noches. ¿Seguimos? Un blazer fino es aquel que, con las manos estiradas, llega a los nudillos; si el tronco es pequeño, saco de tres y no cuatro botones; pantalones con bastilla sólo para los altos. Uff… ¿Quién dijo que los hombres demoran dos minutos en vestirse?

Los expertos advierten que, cuando se piense en la percha, nunca-pero-nunca se debe innovar cualquiera sea el país. “El juego es igual en todo el mundo”, dice Guillermo D’Andrea, profesor de marketing de la escuela de negocios IAE-Universidad Austral, en Buenos Aires. “Tal logo o marca dice cuál es tu clase”. Eso tiene sentido en la elite donde trajes oscuros reflejan autoridad, los tonos más verdes acercan a la gente y los claros son más amigables. Pero, ojo, hay sutilezas. Por ejemplo, mientras en las ciudades cálidas juegan más con los colores, si un CEO está en São Paulo, Buenos Aires o Bogotá debe llevar varias prendas para un mismo día: los ejecutivos allí se cambian para cada evento y son muy elegantes. “No como en Santiago, donde se visten igual para la oficina, la comida o un funeral”, dice Andreoli.

Ahora bien, en América Latina casi nadie se quita la corbata, salvo que la camisa sea fina al extremo, excepto en Caracas. “Muchos la guardan por miedo al asalto”, dice Carbone. Buen dato cuando lo que importa es el hábito y es común que nadie pregunte cuán feliz estaba la novia de la boda, sino cómo era su traje. Y las empresas a veces también son templos.

Qué usar si viaja a…

ARGENTINA Y URUGUAY: Traje de marca, preferentemente italiano y de corte moderno. Zapatos con o sin cordones. ¿Gemelos? Usted elige. La corbata importa, pero no es vital.
BRASIL: Trajes elegantes, claros u oscuros y el lino la llevan. Los paulistas son pretenciosos, cuidado.
CENTROAMÉRICA: El traje de ley -oscuro o claro- manda: las guayaberas, para ir de pesca. Y que sean de seda.
COLOMBIA: En el reino de la refinación es obligación ser austero. De telas, ropa y guardias personales saben los adinerados. Tengo dinero y me lo defienden.
CHILE: Si su traje es oscuro y no se quita la corbata, todo bien: importa parecer, no ser. Si usa el mismo traje en la oficina y un casamiento, la elite lo notará, querido amigo.
MÉXICO: Traje oscuro y corbata que demuestren tengo-muchísimo-dinero. Zapatos hiper super ultra lustrados y gemelos de calidad. ¿Gel para el cabello? In-dis-pen-sa-ble.
VENEZUELA: Evite andar trajeado por la zona oeste de Caracas: en un país revuelto, confúndase con la multitud.

…y qué ponerse siempre (o nunca).

LA RUEDA YA SE INVENTÓ. Innovar en demasía o ser esclavo de la moda es de mal gusto. Usted tiene presupuesto: consulte a un diseñador. Su imagen es también la de su empresa, señor.
ESPEJO. Mire su figura y acéptese. Los pantalones apretados son patéticos  Tampoco muy holgados, ¿o acaso usa una bolsa?.
SALVADOR. Dos o tres blazer azules, cruzados o rectos: el mentolatum del gentleman. Sirven para todo.
CALIENTE. No hay excusas para usar un traje grueso con frío: hay telas tecno, delgadas y dúctiles. Adiós a las herencias.
AUTORITARIO. De traje oscuro y abrigo beige, usted es el amo.
BONITO. Un caballero sabe que la corbata es casi el único adorno. Su nudo debe ser suelto. ¿Largo? Apenas hasta cubrir el cinturón.
OLVÍDELO. Camisa de manga corta, mezclar prendas baratas y de calidad, mocasín de flecos con traje, llenar los bolsillos de cosas.
GÁNGSTER. Sólo los chicos malos usan camisas más oscuras que el traje. Piense en Joe Pesci en Goodfellas…
¡¡POR FAVOR!! Zapatos lustrados y calcetines más oscuros que el pantalón. Con elástico, claro.

Fuente: www.americaeconomia.com

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1 12 2010
El Blog de Sento » Blog Archive » Primero las fotos ahora los libros

[…] (que yo me acuerde) referente a la cena del pasado jueves, coincido con el cronista, con el aspecto impecable del hermano iluminador, lo siento,no hay documento gráfico y por supuesto “las canillas”,pongo algunas fotos en la […]

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