Fábula China

14 01 2008

Se cuenta que allá para el año 250 A.C., en la China antigua, un
príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado
emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse. Sabiendo
esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la
corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente,
el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a
todas las pretendientes y lanzaría un desafío.Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los
comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque
sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el
príncipe. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se
asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder
creerlo le preguntó: “¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las
muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa
idea ins ensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no
hagas que el sufrimiento se vuelva locura” Y la hija respondió: “No,
querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que
jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos
por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz”

Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las
muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas
joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente,
el príncipe anunció el desafío: “Daré a cada una de ustedes una
semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis
meses será escogida por mí, esposa y futura emperatriz de China”

La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo,
que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean:
costumbres, amistades, relaciones, etc. El tiempo pasó y la dulce
joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería,
cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que
si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que
preocuparse con el resultado. Pasaron tres meses y nada brotó. La
joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido.
Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo.
Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de
su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin
importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y
hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.

En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras
pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de
las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había
visto una escena tan bella. Finalmente, llegó el momento esperado y
el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho
cuidado y atención. Después de pasar p or todas, una a una, anunció
su resultado. Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura
esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones.
Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no
había cultivado nada. Entonces, con calma el príncipe explicó: “Esta
fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en
emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que
entregué eran estériles”

Maravilloso relato, ¿no? En tiempos donde lo importante parecen ser
los resultados, los logros, lo visible, cultivar el valor de la
honestidad parece un valor perdido… Somos capaces de inventar los
más variados argumentos para excusarnos, por no decir “me equivoqué,
tienes razón, no sé acerca de esto”. Opinamos sobre todo, juzgamos a
todos… la “viveza” se ha convertido en un valor, encubriendo la
mentira, el engaño, la falta de honestidad para con nosotros
mismos… La verdad, la sinceridad, la humildad… no son virtudes
exacerbadas en los cartoons para niños, ni en las publicidades para
adultos hemos confundido el significado de la palabra ÉXITO.

Si he terminado mi día siendo leal a mí mismo, sin traicionar mis
creencias y mis sentimientos, sin dejar de ser quien soy para quedar
bien u obtener resultados… ese ha sido un día de éxito. Puedes
hacer de este, un día exitoso… de ti depende.

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