ALC-UE: La etapa de la flexibilidad

23 05 2008

A partir de Lima 2008 las cosas han cambiado para bien en un aspecto fundamental de la construcción de la relación estratégica América Latina y Caribe con la Unión Europea (ALC-UE): en la flexibilidad. Una lectura en profundidad a los 57 puntos de la Declaración Final deja la sensación de muy pocos acuerdos y medidas concretas -incluso Viena, calificada como relativamente insatisfactoria tuvo muchos más anuncios específicos- y se constata más bien una reiteración de coincidencias y buenas intenciones. No obstante, además de la continuidad y reforzamiento de la cooperación política y la lucha contra la pobreza, los acuerdos con el Caribe y los notables avances con Centroamérica, hay tres aspectos derivados de esta V Cumbre que cabe destacar, por su carácter estratégico, o sea, de largo plazo y con mirada de futuro.

Primero, la oficialización a este nivel, de la recientemente creada Asamblea Parlamentaria Euro-latinoamericana, integrada por el Parlamento Europeo y el Parlamento Latinoamericano (Parlatino), cuyas primeras resoluciones permiten prever que habrá un fuerte impulso desde la base política a las relaciones bi-regionales, lo que hacía mucha falta que se institucionalizara.

Segundo, la alianza entre ambas regiones para afrontar un tema presente pero de mucha incidencia futura, cual es el cambio climático y la sustentabilidad del desarrollo, mediante el programa “Euroclima”.

Tercero, pero de la mayor importancia y tal vez el factor político-económico más determinante para avanzar en la “asociación estratégica” acordada en Rio de Janeiro hace casi 10 años, es el reconocimiento y aceptación por la parte europea del principio de la “flexibilidad” en su relación con nuestra región en su conjunto, y con las subregiones en particular, que se expresa concretamente en que se avanzará en el acuerdo de asociación con la Comunidad Andina en un marco básico, pero permitiendo que sus países miembros se integren en el acuerdo diacrónicamente, asimétricamente y con distintos énfasis y grados de profundidad en uno o todos de los tres componentes: político, comercial y cooperación.

Si bien esta flexibilidad es aplicable a la relación CAN-UE, lo relevante es que por primera vez en casi dos décadas, Europa acepta variar su posición de negociar solamente de región a región, sin considerar a los países por separado, con la sola excepción de México y Chile, porque no pertenecen a ningún bloque latinoamericano. Esta decisión, a nuestro juicio, tendrá consecuencias importantes en el caso del Mercosur, ya que de alguna manera abre la puerta para que algunos de sus miembros comiencen a plantear un trato similar al de la CAN. Y no está ajena tampoco a este giro europeo, la señal que dio hace unos meses al reconocer a Brasil como socio estratégico, siendo miembro del Mercosur, “discriminando” así, de alguna manera, entre los cuatro socios del bloque. La razón del cambio es tan evidente, que cuesta creer que hayamos perdido tanto tiempo para llegar a este momento. La diversidad con-natural a nuestra realidad latinoamericana ya había hecho fracasar en los sesenta a la ALALC y hace poco al ALCA y tiene por las cuerdas a nuestros rígidos esquemas de integración, pruebas suficientes de que sólo se puede avanzar mediante un “bilateralismo convergente”.

¿Cuáles pueden ser las consecuencias de este cambio de eje? Varias: la UE, que necesita cuidar las inversiones, hacer masa crítica con América Latina y contar con recursos naturales seguros, valida el modelo de desarrollo e inserción internacional representado hoy por Brasil, Chile, México y Perú; hace un urgente y seductor llamado al Mercosur para avanzar; y se reposiciona ante la nueva estrategia de Estados Unidos en la región.

Por su parte América Latina fortalece su relación con un aliado necesario y equilibrante; refuerza un camino de desarrollo propio sin confrontar a Estados Unidos; y puede empezar a repensar su modelo de integración regional sobre la base de estos principios.

* Director del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE) y vicerrector Académico de la Universidad Miguel de Cervantes.

Fuente: http://www.americaeconomia.com


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