Los niños hiperconectados

23 06 2008

Muchos se han preguntado cómo sería una sociedad en que existiera la telepatía. Hoy, basta con ver a un niño o a un adolescente digitando con sus dedos furiosamente sobre un teléfono celular para saberlo: los SMS, siglas en inglés para mensajes cortos o mensajes de texto telefónico, son la transmisión de pensamiento en este siglo XXI. Infierno y paraíso a la vez.

Para muchos padres peruanos el “Ahora tus hijos están más seguros que nunca”, que reza una de las publicidades de la filial de Movistar, aporta una serenidad paradisíaca: les basta apretar un botón para saber dónde está su hijo y hablar con él. Pero algunos padres argentinos o brasileños, al sospechar cómo su hija de 14 ó 15 años quizás se sigue comunicando –vía SMS– con esa compañerita que ya probó drogas, viven un pequeño infierno.

Es que, como ocurre en Japón –donde un tercio de los niños que están en su sexto año de estudio posee celular, o en Finlandia, dónde casi todos los mayores de ocho años ya lo tienen–, en América Latina comienza a sentirse el aliento de la ola que se viene, la cual impactará fuertemente en los negocios y costumbres.



“Hoy, para quienes tienen 13 años, el celular es lo que hace 40 años fue el reloj y fumar: un símbolo de estatus”, dice el argentino Alejandro Prince, cabeza de la consultora de tecnología y consumo Prince & Cook, de Buenos Aires. Para él, que las compañías y los fabricantes de aparatos apunten cada vez más hacia los niños menores de 12 años tiene que ver con mucho más que la rentabilidad. “El aparato lo diseña un ingeniero en Ohio, pero el que establece cómo se usa es el joven y el chico”, dice. “Son los chicos los que están construyendo el verdadero uso y la aplicación exitosa, como ocurrió con los SMS”.


Omar Salvador, analista de la consultora de telecomunicaciones Pyramid Research, de Washington, coincide.
 
Él, en cambio, lo focaliza en la otra punta del sistema: las compañías telefónicas. “Los niños son, básicamente, la nueva frontera para los operadores móviles”, dice. “Para ellos se trata de sembrar la semilla del futuro, bajo el supuesto de que los niños van a tener alguna lealtad para la marca”. Una lealtad nada de infantil y que no se relaciona precisamente con tarifas. En el caso de Perú, menciona, el servicio de telefonía celular para niños Movistar lo entrega por medio de un aparato Nokia 1600 (o 5070), cuyo paquete ofrece el acceso a contenidos de Disney, stickers de sus personajes y, si se trata de una usuaria, una carcasa rosada. ¿Y si es un niño? Pueden optar por los enérgicos Power Rangers. En Chile, la operadora Claro, filial de la mexicana América Móvil, bajo la campaña de marketing “Mi primer Claro”, ofrece aparatos en los que Mickey Mouse o Campanita (la inquieta hada que acompañaba a Peter Pan) ocupan todo el dorso del aparato o, más sutil, si se trata de la celebérrima Hello Kitty, una banda bajo la pantalla.


Todo tiene un límite


Pero, se sabe, las tierras de la infancia no son precisamente ni las de la responsabilidad ni las de moderación ni las del discernimiento. Por ello, empresas como Telefónica Móviles, por ahora al menos, prefieren asociar su imagen de marca –si de menores se trata– a la responsabilidad. “Se está trabajando en el uso responsable de todo lo que es pantalla: TV, celular y PC”, dice la experta en TI María Bernardita González Aldea, en Chile. “Los productos destinados a los niños deben poseer un diseño y un ambiente sociofamiliar adecuado”.



Porque, si bien el futuro no puede negarse, aprender de quienes sufren sus contraindicaciones es sabio. Por ejemplo, hace pocos días Hiroya Masuda, ministro de telecomunicaciones de Japón, pidió a las empresas electrónicas el desarrollo de “celulares seguros para los niños”. No se refería a los estándares de emisión electromagnética o de calor (tema de por sí todavía no resuelto), sino a teléfonos más limitados: que sólo posean función de voz y GPS, los dos elementos esenciales para que el celular opere como aparato que provee conectividad ligada a seguridad.

A la mirada de Prince, estos pedidos van a caer en el vacío, a menos que los padres los apoyen fuertemente. Si no es así “¿qué puede cambiar? Sólo cosas menores: planes más limitados, sin roaming a Rusia, o aparatos con botones de emergencia. Nada más”. 


Se ve difícil que los niños acepten aparatos tan monofuncionales. Para Salvador, de Pyramid, un reciente informe de la empresa sobre cómo los usuarios de celulares de Latinoamérica se vuelcan masivamente a aparatos con música precargada, muestra que la expectativa es que, en 2012, el 58% de los teléfonos operen como centros musicales. “Y esto va a tener impacto en los niños”, predice. Algo que ya se nota: “En la región, Telcel, Movistar y Iusacell ya disponen de terminales y contenidos especiales para el segmento infantil y juvenil”. Y la música comienza a emerger como un diferencial de la competencia. Ya para “los de más de 12 años –continúa– Movistar ofrece terminales ligadas a High School Musical Nº 2”, un musical para adolescentes.



Quizás el contrincante más inesperado contra la tendencia de bajar cada vez más la edad de uso, sea la emergencia de un incipiente movimiento contra la “hipercomunicación” nacido en Europa. Prince lo resume así: “En Francia hubo bastante rechazo a la aparición de niños de menos de 10 años con celulares”. El argumento es que el niño tenga su infancia alejado de las presiones de estar “en onda”. Un argumento que pierde fortaleza frente el comportamiento de los padres latinoamericanos. “En Argentina ya hay chicos de ocho años, de clase alta, que usan celular”, dice Prince. “Sus padres se los pasaron: por esnobismo, por control, porque pasan todo el día en actividades y quieren saber dónde y cómo están”.

¿Tendremos que acostumbrarnos entonces a que los locos bajitos nos enseñen qué cosas nuevas hacer con nuestros celulares-centros de diversión? Quizás los médicos sean la última barrera. La mayor parte de los estudios que muestran que el uso intenso de celulares no afecta a la salud, se hacen sobre la base de seguimientos de hasta tres años. Los que se han realizado sobre una década, han encontrado evidencia no concluyente, pero –en algunos casos– algo inquietante respecto de tumores raros de las glándulas salivales, la nariz y estructuras profundas del oído, en el lado que se suele usar el celular. Por ello, los adolescentes y niños de hoy serán los primeros usuarios de largo plazo en que se probará la inocuidad, o no, de los celulares. “Se piensa que el cerebro en formación [con un cráneo más fino] puede ser mucho más receptivo, aunque no creo que sea así”, dice Prince. Pero le parece razonable que un padre, “ante la duda, diga: no quiero poner radiaciones en la cabeza de mi hijo”. Pero habrá que ver cuántos de ellos recuerdan eso ante los gritos de sus infantes clamando por el teléfono último modelo.

Fuente: http://beta.americaeconomia.com/revista/los-ninos-hiperconectados.html


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