Becados por el Gobierno revelan su sufrido día a día en el exterior

7 11 2008
Un estudiante de doctorado se somete a que le realicen estudios médicos para conseguir más recursos para vivir en Inglaterra y a una joven en Canadá la echaron de la pieza que arrendaba porque no le depositaron su beca a tiempo.

Jueves 6 de Noviembre de 2008 
15:46 
Natacha Ramírez, El Mercurio Online

SANTIAGO.- “Aperrando”, movilizándose en bicicleta aunque llueva, privándose de reuniones sociales, con la incertidumbre de si recibirán su mensualidad en la fecha debida y a veces buscando extrañas formas de ganar dinero. Así viven muchos beneficiados con la beca Mideplan (ex Presidente de la República), quienes independiente del lugar donde residen, reciben US$820 al mes (que a la fecha equivale a $518 mil). Algunos tienen la suerte de “vivir con lo justo”, pero a otros definitivamente no les alcanza.

Uno de ellos reside en Nottingham, Inglaterra, donde realiza un doctorado en Genética, y cada dos o tres meses se somete como voluntario a estudios médicos en los cuales le pagan por probar medicamentos en su cuerpo, sin que su familia en Chile lo sepa. 

“Hace unos meses necesitaban a una persona, le inyectaban algo para la diabetes, para la producción de azúcar y después tenías que estar un rato, te tomaban muestras de sangre, tenías que estar en bicicleta como dos horas para ver cómo utilizabas el azúcar y al final el estudio tomaba un buen rato”, explica.

Dice que le pagan “bastante bien, como 200 libras”, cifra que equivale a casi un mes del arriendo que le consume más de la mitad del dinero que le entrega mensualmente la beca (US$820, que el mes pasado fueron 440 libras ). “Vivo en una pieza súper chica en las afueras de la ciudad, ni siquiera en la ciudad y más de la mitad de la beca se me va en cuentas y en arriendo”, señala.

No obstante, aclara que los estudios no representan un riesgo para su salud. “Son seguros, pero aún así te tienes que someter a cosas que no deberías, yo soy ingeniero, soy profesional, y la idea es que uno tenga una beca de honor sea algo bueno y no algo en lo que tienes que hacer cosas como ésas“, dice.

Aún así debe ajustar al máximo su presupuesto, suprimiendo reuniones sociales porque “básicamente uno puede vivir, pero no tienes mucha vida social, muchas veces tienes que decir ‘no, yo paso’. Ahora estoy a fin de mes y me quedan 30 libras , no tengo más dinero, entonces estos días yo no hago absolutamente nada, es como venir, trabajar, ni siquiera ir al supermercado”.

También ahorra en traslados ya que “el bus es muy caro y una buena forma de ahorrar dinero es andar en bicicleta, aunque haga frío, aunque llueva, aquí llueve todos los días, a veces yo espero una media hora que pare de llover un rato y me voy a la casa, pero muchas veces llego mojado, pero hay que ‘aperrar’ no más”, dice.

Algo similar le ocurre a una chilena de 31 años, que realiza un doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad de Essex, en Colchester, y asegura que el dinero que le da la beca sólo le alcanza para pagar un lugar donde dormir. “La locomoción es carísima, ahora me compré una bicicleta usada, llego empapada porque llueve harto, uno va buscando soluciones”, cuenta.

Indica que “la beca no te autoriza a trabajar y tampoco te autoriza a tener otras becas. Entonces me dan un poco de plata mis papás, a veces hago cosas chicas como conversaciones en español, al final uno tiene que vivir con lo mínimo mínimo, que es sólo comer, es súper rudo, pero es lo que hay, como dicen”.

Sus comentarios se suman a los de decenas de becarios que han manifestado sus problemas a través del blog de El Mercurio.

“Me dejaron en la calle”

Al monto del beneficio se suman los problemas de gestión, que en algunos casos tiene lamentables consecuencias para los becarios, como le ocurrió a una chilena que estudia en Montreal, Canadá, a quien echaron de la habitación que arrendaba porque no le depositaron a tiempo. No quiso identificarse porque su familia en Chile no conoce el problema que enfrenta.

“En septiembre no llegaba el depósito y yo escribí te juro que todos los días a mi coordinadora para ver qué pasaba. El dueño de la pieza que yo arrendaba me dio un ultimátum, me dijo ‘si no me depositas te vas’ y la plata finalmente llegó 13 días después, alcancé a pagar atrasado y no hubo problema”, dice.

“Pero el mes de octubre de nuevo no llegó la plata y volví a escribir -y tengo ese problema de tener que estar escribiendo todos los días para recibir una maldita respuesta digna- y la plata llegó 20 días después y a mí me echaron de la pieza”, relata, por lo que ahora debe vivir rotando entre casas de amigos.

A mí me dejaron en la calle y eso lo sabe la oficina de becas, ahora me piden mes de garantía en todos los lugares, tengo que incurrir en un gasto que no puedo cubrir, tuve que recurrir a las amistades, pero a mí se me cae la cara de vergüenza, no es algo muy fácil decir ‘oye, recíbeme con mis dos maletas por mientras busco algo’, estoy paseando de una casa en otra”, cuenta.

Pero además del hecho, cuestiona el trato que recibió de parte de los encargados de gestionar su beca. “Yo escribí a mi coordinadora y me respondió ‘bueno, lo bueno es que se arregló el problema’, tu cachai cómo uno se siente, que te traten como que les da lo mismo, es más desgastante todavía, ellos saben absolutamente todo, en el momento en que yo no tenía con qué comprar algo para comer mi coordinadora lo sabía”, asegura.

Además de este problema puntual, el monto que recibe la obliga a ajustarse para llegar a fin de mes. “Yo vivía acá arrendando una pieza sola, con lo justo, no tengo para ir a comprarme ropa ni para salir a carretear, pero me las he arreglado, me salvan los amigos muchas veces para el tema de los traslados, de las fotocopias”.

Otro problema que ve Felipe Guevara (27), quien estudia en la Universidad de Sevilla, España, es que la beca se las dan en dólares “y al convertirla a euros, con el dólar que sube y baja, no todos los meses recibimos la misma cantidad de dinero y no todos los meses sabemos cuánto dinero nos van a dar”.

En promedio, Felipe recibe unos 600 euros (el equivalente a los US$820 que le depositan) al mes y el sólo alquiler de una habitación le cuesta 450. “Y yo vivo en Sevilla, que no es una ciudad cara, comparado con Madrid o Barcelona”, apunta. Agrega que “a eso hay que sumarle la comida, el transporte. La beca me alcanza a cubrir eso, pero sin darme absolutamente ningún lujo”.

“A veces salir a una fiesta, tomar unas copas con tus compañeros, no puedes. Que te inviten un fin de semana a la playa o a otro sitio de Europa es imposible”, dice. No obstante, indica que “por suerte yo tengo la ayuda de mi familia, y no he tenido grandes problemas, pero con la beca te ves limitado muchas veces”.

Fuente: http://www.emol.com/noticias/nacional/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=329564


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